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| Ceferino Namuncurá (1886-1905) |
Nadie hubiera imaginado por aquellos años que aquel jovencito a quien todos admiraban hoy estaría suscitando una legión de admiradores y devotos en
todas las capas sociales, demostrando un extraordinario poder de
intercesión para toda clase de necesidades y llegaría hasta la Ciudad Eterna..!
Supongo que ustedes ya estarán pensando que voy a homenajear al nuevo Santo Padre pero no todavía. Hoy continuaré revisando un poco más nuestro tesoro patagónico y su gente. Me gustaría contarles sobre la vida de un amoroso indiecito que no pudo ver cumplido su sueño de ser sacerdote porque una sorpresiva enfermedad tronchó su vida apenas comenzaba a vivir.
-Papá, lléveme a estudiar a la ciudad; así, cuando llegue a grande, podré defender a nuestra pobre gente.
-Sí, m' hijo -murmuró su padre, el cacique Manuel Namuncurá, ahogada la voz en la garganta.- Tengo muchos amigos en Buenos Aires, y haré lo posible para recomendarte a ellos. Mucho costará esta separación; pero no dirás que tu padre no secundó tus designios. Dios ha de querer que un día seas un hombre útil.
Sus hermanitos aplaudieron el proyecto pero la mamá, Rosario Burgos, cautiva chilena, prorrumpió en amargo llanto. Y así, una fría mañana de invierno, padre, hijo y un intérprete atravesaron la pampa que va del río Negro al Colorado; y en Fortín Uno -punta de rieles del ferrocarril en construcción- emprendieron el viaje a Buenos Aires. Era el año 1897 y Ceferino acababa de cumplir 11 años de edad.
Los indios que ya vivían en la Capital se enteraron de la próxima llegada del famoso cacique y el día que arribaron unos cincuenta aborígenes se congregaron en la estación Constitución. Llega el tren. Namuncurá baja con el pequeño Ceferino en medio de las ovaciones de sus paisanos y emocionado les presenta a su hijo, entusiasmados todos lo saludan y uno de ellos le pregunta a qué viene y Ceferino contesta:
-Vengo a estudiar, para bien de mi raza.
Oído lo cual, los indígenas lo aclaman, lo besan y lo abrazan conmovidos. Orgullosos se preguntan unos a otros:
-¿Qué llegará a ser este chico?...
Por lo visto, el angelical muchachito de las Pampas estaba destinado a ser alguien muy especial y venerado.
Una vez instalados en Buenos Aires, su padre fue recibido por el General Luis María Campos, su amigo y por entonces Ministro de Guerra y Marina.
A partir de ese momento, Ceferino ingresó en los talleres que la Armada tenía en la localidad de Tigre y permaneció allí por tres meses; posteriormente, sin embargo, le pidió a su padre que lo sacara porque no le gustaba ese ambiente ni esa profesión. Entonces, su padre, el ahora flamante Coronel Manuel Namuncurá recurrió a su amigo, el Dr. Luis Sáenz Peña, ex presidente argentino, quien recomendó a Ceferino a los Padres Salesianos. El 20 de septiembre de 1897 Ceferino fue inscrito como alumno estudiante interno.
Paulatinamente, Ceferino se adaptó al ambiente, dedicándose al estudio, aprendió el idioma español y el catecismo. El 8 de septiembre de 1898 recibió la Primera Comunión y, un año más tarde, el 5 de noviembre de 1899, el Sacramento de la Confirmación en la Iglesia Parroquial de San Carlos de manos de Monseñor Gregorio Romero.
Una de las curiosidades en la vida de Ceferino Namuncurá es que él y Carlos Gardel, futuro actor y famoso intérprete de tangos, fueron amigos y alumnos internos del Colegio Salesiano Pío IX, donde ambos integraron el coro y cantaron juntos en la capilla y en actos culturales.
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| Ceferino y Monseñor Cagliero |
Ceferino estaba muy feliz en este ambiente pero lamentablemente a principios de 1902, su salud se deterioró; por los estudios que le realizaron, se determinó que contrajo tuberculosis. Monseñor Juan Cagliero decidió trasladarlo a Viedma, con la esperanza de que los aires nativos ayudaran a recuperar su salud.
A comienzos de 1903, en el colegio "San Francisco de Sales" de Viedma, comenzó su estudio secundario como aspirante salesiano. El sacerdote médico Evasio Garrone, juntamente con el enfermero del hospital, el Beato Artémides Zatti, cuidaron de Ceferino.
El 19 de julio de 1904, con 17 años, Ceferino fue trasladado a Turín, Italia, por Monseñor Cagliero. Los salesianos pensaron que en ese lugar recuperaría la salud y podría continuar sus estudios de sacerdocio.
Una vez allá, estudió en el colegio salesiano de "Villa Sora", en Frascati, Roma.
En Turín, el Beato Miguel Rúa, el primer sucesor de San Juan Bosco, conversó varias veces por semana con Ceferino.
El 27 de septiembre de 1904, Ceferino visitó al papa San Pío X, junto con Monseñor Cagliero, los sacerdotes José Vespignani, Evasio Garrone y otros salesianos. A Ceferino le encomendaron la tarea de pronunciar un breve discurso y obsequió al Pontífice un quillango mapuche. A su vez, Pío X le obsequió la medalla destinada a los príncipes.
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| Ceferino Namuncurá, Lirio de las Pampas |
En marzo de 1905, la tuberculosis volvió a afectar la salud de Ceferino. Fue internado en el Hospital de los Hermanos de San Juan de Dios, donde fue atendido por el Dr. José Lapponi, médico personal de los papas León XIII y Pío X pero ya no había nada que hacer, el 11 de mayo de ese mismo año, a los 18 años de edad, Ceferino Namuncurá murió acompañado por Monseñor Cagliero.
Según la mayor parte de sus biógrafos sus últimas palabras fueron:
"¡Bendito sea Dios y María Santísima! Basta que pueda salvar mi alma; y en lo demás hágase la santa voluntad de Dios".
Fue enterrado al día siguiente de su fallecimiento en el cementerio popular de Roma, en Campoverano, con la presencia de pocos salesianos y compañeros de estudio bajo el amparo de una cruz de madera con su nombre.
En 1924, los restos de Ceferino Namuncurá fueron repatriados por orden del presidente Marcelo T. de Alvear y llevados a la capilla reconstruida del antiguo Fortín Mercedes.
En 1930, el sacerdote Luis J. Pedemonte comenzó a propagar las virtudes excepcionales y la devoción al "indiecito santo" con lo cual recogió y publicó testimonios de gracias recibidas por aquellos que le rezaban y lo conocieron. También publicó las cartas de Ceferino, documentos que sirvieron para conocer el espíritu de este joven milagroso y admirable.
El 2 de mayo de 1944, se inicia la Causa de Beatificación y el 3 de marzo de 1957 el papa Pío XII aprobó la introducción de la Causa de Beatificación de Ceferino Namuncurá. Quince años más tarde, el 22 de junio de 1972, el papa Pablo VI lo declaró venerable, transformándose en el primer argentino que llegó a esa altura de santidad.
La devoción popular a Ceferino Namuncurá se fue difundiendo desde mediados del siglo XX por toda la Argentina. Es así que a fines de los años '60, ya era muy común encontrar estampitas dedicadas a San Ceferino en plena Ciudad de Buenos Aires.
En 1992 sus restos fueron trasladados a una sala contigua del Santuario de María Auxiliadora de Fortín Mercedes, por razones de mayor seguridad.
El 7 de julio de 2007, el papa Benedicto XVI firmó el decreto que declaraba a Ceferino Namuncurá como beato.
El 11 de noviembre de 2007, el enviado papal, el cardenal Tarcisio Bertone, proclamó beato a nuestro querido Lirio de las Pampas, ante más de 100.000 personas en una ceremonia de beatificación en Chimpay, Río Negro, ciudad natal del joven salesiano.
En 2009, sus familiares trasladaron sus cenizas a la Comunidad de San Ignacio, a 60 kilómetros de Junín de los Andes, Provincia de Neuquén, bajo el rito pagano mapuche y próximamente se harán exámenes para aprobar la canonización del -por ahora- beato Ceferino Namuncurá.




























