Aunque el cine de animación nació en Francia fue en Estados Unidos donde alcanzó su máximo esplendor. Las primeras tentativas se atribuyen a Èmile Reynaud y la creación del auténtico cine de animación -el que se realiza fotografiando sobre películas las series de dibujos- se debe al también francés Èmile Cohl.
Cohl inició su carrera en Francia entre 1908 y 1912 para continuarla en Estados Unidos donde, en colaboración con Mac Manus dio vida a Snookum.
En época del cine mudo y luego en la del sonoro se fue perfeccionando la técnica que era destinada a filmes de corta duración hasta llegar a los ambiciosos largometrajes de Disney por los años '30.
El Gato Félix (1917) del australiano Pat Sullivan, fue el preludio de los animales con cualidades humanas.
En 1928 un joven desconocido llamado Walt Disney creó a un ratoncito que años después se convertiría en el máximo emblema infantil: el Ratón Mickey.
Max y Dave Fleischer crearon a la seductora Betty Boop y al musculoso marinero Popeye.
Betty Boop tenía labios llamativos, indumentaria sugerente y atractivas piernas y por eso fue censurada.
En cambio Popeye fue utilizado originalmente para hacer una publicidad de espinacas.
Pero fue Walt Disney (1901-1966) quien revolucionó esta actividad cinematográfica tanto por sus innovaciones técnicas como por los personajes inventados. Creó dibujos animados que se hicieron famosos en todo el mundo por su ingenuidad, por su comicidad, por su belleza y por los valores que transmite. Los sueños, convicciones y osadía de Disney hicieron nacer personajes cautivadores y apasionantes relatos que han inspirado la imaginación de generaciones de niños y adultos.
Sus caricaturas tienen la psicología propia de los humanos. Con la personificación de sus animales, Disney hacía una alegoría de las debilidades y afanes de las personas.
El Ratón Mickey representa el triunfo del débil sobre la fuerza bruta.
El Pato Donald es el prototipo del vanidoso, del emprendedor y del humor cambiante.
Goofy es el tierno, el despistado y perezoso.
El arte de Walt Disney alcanzó la cúspide por los años 30 cuando su ya reconocido prestigio y una sólida infraestructura industrial le permitieron llevar adelante un proyecto que hasta entonces no había contemplado el sector: el largometraje.
Primero se rodó Blancanieves y los Siete Enanitos en 1937 y la convirtió en un cuento de hadas, el uso del color fue una pieza fundamental para la caracterización de los personajes. La música envolvente y la melodía que entonaba Blancanieves -Algún día mi príncipe vendrá- quedaron en la memoria del público por mucho tiempo.
Después vinieron miles de películas y personajes encantadores como Pinocho, Bambi, Dumbo, Alicia en el País de las Maravillas, La Dama y el Vagabundo, La Bella Durmiente del Bosque, Cenicienta, Pocahontas... bueno, la lista de prodigios parece no tener fin.
Sólo el genio sin igual de Walt Disney pudo plasmar de esta manera el mundo de los cuentos. Los fondos de sus películas no son simples decorados sino que "están vivos". Sus películas simulan planos americanos, contraplanos y panorámicas que llegan al extremo en El Rey León, donde los animales se apartan para no pisar la cámara que supuestamente se encuentra en el suelo, contribuyendo a crear sensación de realidad.
Además, Disney no sólo humanizó a los animales sino también lo hizo con plantas y objetos porque fue el primero que hizo cantar a candelabros, cubiertos, flores, perchas y hasta el tren de Dumbo se dice a sí mismo: "puedo subir, puedo subir".
Disney fue maestro de maestros en este género. Y por suerte aún sigue transmitiendo mensajes de alegría, inocencia, bondad, ternura, tolerancia, belleza, de que vale la pena tener sueños y luchar por ellos y la certeza de que el bien siempre triunfa. Por estas fantásticas creaciones y por contribuir a que los niños sean más felices e inteligentes es que recibió, nada menos que en 31 ocasiones, el Oscar de la Academia de Hollywood.
Y colorín, colorado, este cuento se ha terminado!






























