| Alegoría de la Declaración de la Independencia - Obra de Luis de Servi |
En 1816 la situación del país presentaba aspectos desalentadores, la revolución parecía fracasar en todas partes. El Ejército del Norte, bajo el mando de Rondeau, había penetrado nuevamente en el Alto Perú y había sufrido una aplastante derrota en Sipe-Sipe (1815). Los revolucionarios chilenos habían sido derrotados por los españoles en Rancagua (1814) y el movimiento emancipador había sido sofocado.
En las Provincias Unidas se esperaba el ataque español desde Chile y desde el Alto Perú. En España se preparaba un ejército para el Río de la Plata. Las tropas portuguesas ocupaban la Banda Oriental; el Litoral, bajo la influencia de Artigas, amenazaba con la guerra civil, los caudillos se disputaban los gobiernos de las provincias... la situación interna y externa era trágica.
Para colmo las Provincias Unidas se habían quedado solas en la lucha por la libertad. Los movimientos emancipadores que habían estallado en otros países de América habían sido vencidos. Chile, México, Venezuela habían sido dominados y aparentemente quedaban pocas posibilidades para que resurgiera la lucha por la independencia.
Así y todo, tras seis años de batallas libertadoras y meses de polémicas sesiones,
el 9 de Julio de 1816 el Congreso General Constituyente que desde el 24 de marzo se encontraba
reunido en Tucumán, juró un nuevo Estado: el de las Provincias Unidas del Río de la Plata, demostrando que a pesar de todo el Congreso de Tucumán tenía confianza y fe en el porvenir de la revolución y de la patria.
La jura se efectuó con gran solemnidad en el mismo solar donde las tropas mandadas por el general Belgrano habían combatido en 1812 contra las fuerzas realistas que comandaba Pío Tristán, y una población emocionada hasta las lágrimas con gran temple y entusiasmo juró no dejarse vencer ni ante el más negro de los panoramas. Según la crónica de Graaner, en ese suelo "juraron ahora, sobre la tumba misma de sus compañeros de armas, defender con su sangre, con su fortuna y con todo lo que fuera para ellos más precioso, la independencia de la patria".
¡Cuánto dejaron esos hombres de sus propias vidas para que
nosotros, que éramos el futuro, nos abriéramos camino! Entonces, por todos aquellos que se aventuraron en la travesía de fundar la patria contra viento y marea, porque comprendo
la pasión que corre en tus venas, por tu mística y belleza, y por tu universo poético y nostálgico, te deseo un feliz día y te doy gracias, mi querida República Argentina.



